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Periodismo y pisco sour desde la Patagonia recóndita

Cuadro de texto: Divinas
Cuadro de texto: Divina. Divina Ludivine Sagnier. Llegó al mundo
completamente desnuda y así se quedó por los
siguientes 24 años. Ella, tímida al fin, tiene por
costumbre negarlo. Pero como ya imaginarán es bastante difícil omitir la obviedad de sus senos perfectos y de su vientre devastador.
Ludivine fue la primera de su clase en el
Conservatorio de Arte Dramático de Versalles. De modo que a su belleza natural habría que sumarle el talento. Probablemente por una cuestión de origen, es francesa, tampoco se ha preocupado mucho de cuidar las formas. Hacer del detalle un problema.
Tiempo atrás el periodista Carlo Cavagna de
"Aboutfilme", mantuvo este particular diálogo con la estrella:
Periodista: ¿Qué hay del desnudo? Pareces muy cómoda con eso.
Ludivine: Bueno, no me sentía cómoda haciéndolo.
P: ¿No? Pero lo hiciste al fin de cuentas
L: Si, porque me pagan por eso (risas).

Típica postal de Ludivine Sagnier cuando el tema se pone fangoso logra salir del aprieto con una chiste o una frase ocurrente.
No será este el lugar donde pongamos en duda sus
virtudes como actriz. Sagnier se ha transformado en la más prometedora figura del cine francés justo en un momento en que el cine europeo, sobretodo el francés y el italiano, sufren una crisis de identidad y por lo mismo económica."Rolling Stone" la ha llamado "La joven Bardot".
A Ludivine la comparación le resulta absurda. Es cierto, la pequeña "Ludu" ha estado bien desnuda como antes lo estuvo Brigitte Bardot, y pertenece al "sexy-set" que también abarca a Ursula Andres y Jane Fonda, pero todo tiene su límite.
"No me desnudo por la fama o para convertirme en
alguien más popular. Parecerme a Brigitte
Bardot...ella se ha transformado en una fascista y
odia a todo el mundo", le dijo a Gary Dretzka, de
"Movie City News", otro reportero que no pudo evitar dar inicio a su entrevista con un sencillo pero emotivo "Ooo la la". Justamente, Ludivine ama cada uno de los preciosos instantes que la vida le ha regalo hasta hoy.
Su película más reciente, "La piscina", es una pequeña obra maestra del suspenso y la intriga de Francois Ozon. Sin embargo, el director de las sobresalientes "Bajo la arena" y "8 mujeres", jamás habría llegado a alcanzar tal grado de perfección sin la performance de su actriz fetiche, quién sino, Ludivine Sagnier.
El filme ya es realmente interesante gracias a la
estructura de su guión, el manejo de los tiempos
internos, el original encuadre de cada escena tan
propio de Ozon y, por supuesto, la personalidad de la gran Charlotte Rampling.
Entonces ¿Qué elemento introdujo Ludivine al de por sí armonioso universo de "La Piscina"?
Pues...desequilibrio.
Vulnerable, visiblemente afectada y, claro, desnuda, el personaje de Ludivine transmite un estado de perpetuo nerviosismo, de tensión, de violencia extrema apenas contenida que transforman al filme en una excepcional pieza de misterio. Asistimos a un terror sin monstruos, o quizás el monstruo sea la hermosa Julie, creatura de Luvidine.
Ludivine no siempre estuvo floja de ropas. Hace poco se la vió en la nueva versión de "Peter Pan", de P.J.Hogan y antes en otro filme de Ozon "8 Mujeres",
en ambos se revelan diversas facetas compositivas
vaciadas de erotismo.
A su pesar Ludivine ha edificado una carrera que en parte se alimenta de la expectativa de su belleza, de la posibilidad de su desnudez. La mayoría de los filmes en los que participó tienen una connotación sexual importante. Lejos de repetirse en cada uno Ludivine logra redimirse en el cambio, en la destrucción total de su propio mito.
En "Gotas de agua sobre piedras calientes" Ozon la trasladó por primera vez a un mundo de lujuria y
obsesiones compartidas que desembocan en la tragedia, en la excelente "La pequeña Lili", de Claude Miller, la actriz participa del confuso juego de la inocencia perdida a voluntad bajo la sombra del universo cinematográfico, y en "Pequeñas heridas", de Pascal Bonitzer, nos apiadamos de su ingenuidad y su doloroso crecimiento como mujer.
Todavía hoy Ludivine Sagnier es el paradigma del
artista interesado sólo en su arte.
Su vocación está más involucrada con el disfrute que con el tejido industrial, por redituable que sea este último. Además, dicho sea de paso, prefiere el cine francés al americano -"Hacemos películas más pequeñas y personales"- y puede andar corta de efectivo. "No necesito mucho dinero para vivir como quiero en París. Soy joven y no tengo grandes necesidades económicas. Pero tengo grandes ambiciones artísticas. Es muy
importante para mi trabajar con personas como Ozon. Yo no actúo para ser popular o para ver mi rostro en la tapa de las revistas cada vez que voy a tomar un café. No quiero pensar sobre mi misma todo el tiempo y acerca de cómo me veo", ha dicho Ludivine en Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, contra todos los pronósticos y los usos tradicionales del negocio en el cual se desenvuelve.
Tan pura, Luvidine, tan sincera, tan desnuda.
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