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RecordingSour |








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Miradas: Juega hermoso, pero gana |



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Juega hermoso, ordena Eric Cantona en el nuevo comercial de Nike. ¿Por qué a Eric le agarró este ataque de belleza ahora a buena distancia de una cancha de fútbol y con varios kilos de más? Juega bonito. Juega para el deleite de los otros. Le exige Cantona a la cámara. Hace unos meses el jefe de Deportes del diario "El País" de España, Santiago Segurola, mantuvo una entrevista con Fabio Capello, entrenador de la Juventus y uno de los más exitosos de la historia. Segurola le comentó que había escuchado de labios de Manuel Pellegrini, técnico del modesto Villarreal, la siguiente frase: "Yo tengo una obligación estética con el fútbol". La frase hizo que Capello poco menos se agarrara de los pelos con furia. De inmediato increpó a Segurola: "¿Pero quién es ese tal Pellegrini? Mi única obligación es ganar". Juega lindo. Juega vistoso. No te olvides de que esto es un juego. Asegura el mastín francés. Eric Cantona intenta recordarnos una supuesta obviedad desde un escenario inadecuado. Como si un príncipe lujurioso abogara por la monogamia resguardado en la comodidad de su harén. Hasta la ficticia toma del set de televisión del aviso de Nike que abre la campaña premundialista, resulta un tanto patética viniendo de alguien que siempre fue un símbolo de la rebeldía dentro y fuera del campo del fútbol, y el portador de una inteligencia privilegiada. Como que hay un río llamado Amazonas, el fútbol FIFA no es un juego. No, justamente, el fútbol del cual habla Cantona representa un enorme, un colosal negocio. ¿No lo sabe a Cantona? ¿No lo sabe la FIFA? Por supuesto que si, y ellos mejor que nadie. Esta es la razón por la que piden con tanta premura volver a las raíces de este asunto. El fútbol FIFA aun no encuentra su techo de popularidad pero para que su maquinaria de facturación funcione, debe atrapar audiencias, ganar nuevas generaciones de consumidores y establecer iconografías. Y nada más iconográfico que las mágicas travesuras de Ronaldhino o la acostumbrada vertiginosidad de Lionel Messi o la maestría zen de Juan Román Riquelme. Los talentos no abundan en el fútbol de hoy, están en extinción. Al juego en sí se lo han ganado los requerimientos de un negocio que no duda en apelar a la ciencia para superar los imponderables que esconde el destino. Juega hermoso y gana. De un modo un poco extraño Cantona pide lo imposible (más aun sin el genio de Maradona sobre el césped). Entre otras cosas porque la vida es un estado de compensaciones, un espacio donde se dirime la carencia. Con eso han lidiado los hombres de todas las épocas. La vieja disyuntiva de si se puede jugar y gustar ha sido planteada una vez más en una época en que es admisible la mediocridad siempre y cuando sostenga la no-derrota. ¿Cuándo dejó de ser un juego el fútbol? Probablemente desde el momento en que se transformó en una organización ultra moderna y el resultado comenzó a dictar el sentido de sus acciones. No querer perder es una cosa, no poder perder, otra muy distinta. Aquí es donde tendríamos que recordar también las palabras de Peter Druker, una empresa se debe a sí misma. Tiene obligaciones para con la comunidad, es cierto, pero lo estético no forma parte de su lista de oro. No hay responsabilidades estéticas en el mundo del fútbol sino necesidades de crecimiento de mercado. |
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