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Cuadro de texto: José Luis Sampedro
“Las cosas que valen 
requieren tiempo”
 
Cuadro de texto: Entonces me sorprendió que con sus 77 años tuvieran movimientos tan ágiles. Bajó casi corriendo la escalera que unía su cuarto del pequeño hall donde lo esperaba sentado.
Yo, a mis veintitantos, había cargado con mi cuerpo desde San Telmo hasta el hotel Plaza Francia en pleno barrio de la Recoleta, el mismo en el que suele alojar sus ángeles y demonios Andrés Calamaro.


En la redacción de “Página/12”era el único tipo que había leído más de dos novelas de José Luis Sampedro y, para que negarlo, por eso me mandaron. Todo tuyo, dijeron. Me pareció bien. Al principio estaba más fascinado por la idea de encontrarme con un miembro del Real Academia de la Lengua que con el escritor pero eso se fue diluyendo a medida que la charla se hizo más interesante. De pronto me di cuenta de que el tipo, viejo sabio, me estaba enseñando un par de cosas. No las olvidé.
No sé como se imaginan a un miembro del equipo que decide y hace vigilia por las palabras que 500 millones de personas usan diariamente, y tal vez sean más, pero mi idea previa de Sampedro era la de un tipo grueso, de barba blanca y aspecto huraño. Alto, humm, si podía ser.
Sampedro era alto y tenía barba blanca pero no fue huraño en lo absoluto conmigo. Además rebalsaba de flacura. Me trató bien, con una insospechada modestia para alguien de su porte, literario y académico. 
Leí sus libros, le dije a poco de estrecharnos la mano y que él pidiera un agua mineral y yo un café cargado. El lo natural y yo el apuro por vivir. Allí estábamos hace unos 5 ó 6 años. Aun estamos. Sé que sigue escribiendo aunque hace mucho que no leo nada suyo. Tampoco es fácil encararle a las novelas del hombre, son largas como vidas y pobladas de información. Ni que hubiera estado en los tiempos que narra. Tarda en escribirlas. Para Sampedro, escritor, pensador, catedrático de estructura económica, senador por designación real, 20, que digo, 30 años no son nada. 

-Bueno, me alegro que hallan mandado a alguien que leyó mis novelas, es raro.
-No sé que decirle, supongo que a veces pasa.
-Es bastante común.

-Además, usted es un escritor de largo aliento, hay que hacerse de un tiempo. También leí por ahí que demora mucho en escribir sus novelas: 10, 20 y hasta 50 años en un caso. Increíble.
-Las cosas que valen requieren tiempo. 

-Ni que decirlo, artesanal, lento y perfecto.
-Tengo un proceso de documentación y de corrección largo. Es cierto, en un caso pasé 50 años de mi vida escribiendo una novela.
-Nicanor Parra decía que no publicaba para seguir corrigiendo o algo así. Pero además de su actividad literaria es catedrático y tiene una marcada relación con lo económico.
-Si, me interesan muchas cosas.

-Lo digo porque no es tan común escuchar a un escritor planteando el problema del capitalismo como usted lo hace. A propósito...
-Si, a propósito... 

-Leí un reportaje que le hicieron en la revista “Ajoblanco” en donde habla sobre el tema.
-El capitalismo está agotado. Primero porque cualquier sistema histórico es un sistema transitorio aunque en la historia la transición dura siglos. Un sistema social surge para resolver problemas que el sistema entonces vigente no resuelve y este sistema actual no tiene ideas válidas para los problemas de hoy, sus ideas son antiguas.

-¿Qué tan antiguas?
-Al final de la Edad Media las tierras no eran movibles porque la técnica estaba frenada por el dogma; pero el dinero tampoco se movió, hasta el fin de la Edad Media porque, según la iglesia, era pecado prestar con interés. Ante esa inmovilización de recursos surge el capitalismo, rompe esas trabas y nos da una serie de beneficios. Agradezco lo que nos ha hecho progresar este sistema pero como cualquier otro crea problemas: la ecología, por ejemplo, ya es un problema para el gran público y hace treinta años no lo era. 

-Precisamente uno de los grandes temas y deudas del capitalismo.
-Este sistema de vida no respeta el medio ambiente, esto jamás lo resolverá el capitalismo y hace años que también se está hablando de la ayuda al Tercer Mundo y del paro. El sistema está agotado.

-¿Entonces?
-Hay que reinventar a la democracia. Si una gran multinacional que mueve más dinero que el presupuesto nacional de muchos países del mundo tuviera que resolver sus problemas reuniendo 500 personas a discutir en un parlamento...se hundiría. Los parlamentos son, básicamente, del siglo XIX. Las ideas del neoliberalismo son del XVIII. ¿Cómo se puede pensar que si la sociedad ha cambiado tanto (porque el hombre ha cambiado poco pero la sociedad ha cambiado mucho) se puede controlar la técnica y encauzarla con ideas del siglo XVIII e instituciones del XIX?

-¿Qué me dice de la juventud?
-No creo que haya que generalizar acerca de la juventud. 

-A ver...
-Hay quien dice que los jóvenes lo único que hacen es pensar en la botella de cerveza y la moto. Pero primero: ¿Qué otra cosa les enseñamos?, ¿qué otra idea les ofrece el sistema? No hay otra enseñanza que prosperar y ganar dinero. Pero de todas maneras no se puede generalizar. 

-Usted muestra mucho desprejuicio y apertura en sus obras. Le menciono una así me cree que lo leí, “La Vieja Sirena”, allí usted describe, por boca de sus personajes, las múltiples formas del amor y la pasión más allá de las condiciones políticas o económicas gobernantes, el sexo, la necesidad, etc.

-Yo a través de mis charlas he conocido a muchos chicos. Sí creo que se los educa mal, que no se educa para disfrutar de la vida. Ha habido otras culturas que han querido iluminar al ser humano, hacerle ver cosas más elevadas, mientras ésta lo que quiere es deslumbrar y lo que consigue es excitar. Pero no enriquece por dentro, no. 

-Hacia algún lado vamos, no importa donde, pero apurados.
-Una de las cosas que no tiene esta cultura es el sentido del límite.

-¿En que trabaja por estos días?
-En una novela basada en postales de origen materno, varias de ellas escritas a comienzos de siglos. Las encontré en un viejo baúl. Espero que sea una historia sencilla.
Con esta última frase se le escapó una sonrisa. Si se trataba de otra historia sencilla como las que venía escribiendo, pues, tenía para rato.
Era una tarde cálida, el cielo azul en la ciudad de las terrazas grises, Buenos Aires. 
Hace unas horas, a 1200 kilómetros de allí y 6 años después, en General Roca, antes de revisar y corregir esta entrevista, estuve hojeando aquella otra de “Ajoblanco”. Entonces, más chico pero no un pibe, subrayé algunas cosas.
Acerca del capitalismo y el medio ambiente le dijo a José Ribas: “Mientras prevalezca el criterio de tomar decisiones en busca del rendimiento económico, los problemas de medio ambiente no se resuelven” 
Y sobre el neoliberalismo: “El neoliberalismo actual, al ser neo no es nuevo y hoy se necesitan ideas nuevas. Me gustaría recalcar que sin una revolución del pensamiento básico, económico y social, no tendremos las instituciones que necesitamos” (Ajoblanco)

Publicado originalmente en “Página 12”

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Periodismo y pisco sour desde la Patagonia recóndita

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